La plantación?

En la casa de campo que posee mi familia en Extremadura y que prácticamente solo yo utilizo, paso los veranos en compañía de mi gato, único mamífero que se atreve a convivir conmigo. La casa es tan pequeña que no existe un cuarto de baño digno de tal nombre y el lavabo es tan estrecho que para afeitarme prefiero salir al bosque; saco un cable eléctrico por la ventana y coloco un espejo en el hueco de una de las muchas encinas que hay por detrás. Naturalmente los pelillos que salen de la máquina caen junto a la hojarasca y no tengo que barrer la casa ni lavar la mierda de lavabo. Este año he empezado las vacaciones casi dos meses antes por una reestructuración laboral que no viene al caso, con lo que su inicio rayaba la primavera, a pesar de ello la temperatura era excelente. Tras acondicionar la casa, tarea poco grata, quise descansar leyendo entre las encinas. Cual no sería mi sorpresa cuando descubrí que en el bosque había un sinfín de enanos minúsculos, barbudos y adamitas, vamos… en bolas. Al instante comprendí el origen de tan extraña colonia. Lo que no llegue a entender fue porque eran tan bajitos.

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